viernes, 10 de noviembre de 2017

Setúbal, 49 años después...

Apertura Luis "Changui" Cáceres

Año 1968. Según cuenta el "Changui" Cáceres eran 33 muchachos (treinta varones y tres chicas), estudiantes radicales que, reunidos en ese lugar de Santa Fe se comprometieron a trabajar por elecciones libres y sin proscripciones. Esa confluencia, en tiempos del dictador Onganía (con los partidos políticos "disueltos") y del auge de los movimientos insurgentes armados, era casi una locura. Fueron el germen de lo que luego fue el llamado "alfonsinismo" que ellos denominaron Junta Coordinadora de la Juventud Radical que integrando el Movimiento de Renovación y Cambio, recuperó para el radicalismo la vocación de poder y, en 1983, fueron los protagonistas de la recuperación de las instituciones democráticas. 

El 5 y 6 de noviembre hubo un "nuevo Setúbal" con 451 protagonistas. Inquietos por la situación del país y del radicalismo debatieron siete horas el domingo y tres más el lunes. De esos debates surge el documento que reproduzco a continuación.

          
  
Los radicales somos la UCR.
 
La reconstrucción del radicalismo. 
Pensando en la Republica, salvemos el partido.
La historia reciente deja sus enseñanzas.

Los acuerdos fijados en el marco de los pronunciamientos del máximo organismo partidario, facilitaron el cierre de una etapa y la puesta en marcha de un nuevo clima republicano.

Medio millar de radicales de todas las provincias y CABA, reunidos en Setubal, asumimos ahora un nuevo desafío. Los hombres y mujeres del radicalismo hemos creado este ámbito de debate y reconstrucción porque las instituciones partidarias no habilitan hasta hoy la deliberación horizontal y democrática.

La pretensión de algunos sectores, propios y ajenos, de licuar el radicalismo en otros espacios, merece nuestro rechazo total.
  • Rechazo porque la pretensión de disolver el radicalismo es solo un proyecto suicida para la República que se esta recuperando.
  • Rechazo porque la identidad partidaria debe preservarse en todos los ámbitos de la representación institucional.
  • Rechazo porque una democracia con la UCR débil es una democracia frágil.
Por eso reafirmamos:
  • Nuestra identidad partidaria.
  • Nuestro compromiso con los desposeídos.
  • Nuestra demanda de políticas publicas que reparen la fragmentación social, instauren la justicia distributiva, defiendan a ultranza los derechos humanos, recuperen un camino consistente y ecuánime hacia el desarrollo económico e impulsen la integración latinoamericana.
  • Nuestra exigencia para que el próximo Comité Nacional exprese la identidad partidaria, reafirme la soberanía política del radicalismo, ponga en valor su independencia de criterios, recupere sus niveles de representatividad con la sociedad y establezca un dialogo constructivo con el gobierno.
  • Nuestra decisión de reclamar a la Honorable Convención Nacional un rol protagónico en la consecución de esos objetivos.
  • Nuestra convicción de que estamos asistiendo al comienzo de una nueva etapa para el radicalismo como factor de equilibrio garante del sistema político nacional y el reconocimiento a la necesidad consecuente de refuncionalizar su organización.
Una nueva etapa que debe estar caracterizada por
  • la recuperación de la militancia, 
  • la horizontalidad en la toma de las decisiones, 
  • la reconstruccion de los mecanismos de representación politica, desde abajo hacia arriba de esta herramienta fenomenal que la historia argentina nos ha dado y que estamos dispuestos a recuperar, preservar e impulsar para las próximas generaciones.
En esta dirección, quienes participamos de Setubal, hombres y mujeres radicales, nos ponemos en marcha, hoy, aquí y ahora, junto a sectores de nuestra militancia juvenil, universitaria, barrial, gremial y de los pueblos originarios, para consolidar este camino iniciado para recuperar la practica democrática interna, el debate de ideas y la formación política de las nuevas generaciones.

Orgullosos de nuestra historia, responsables con el presente y asumiendo el compromiso de transformar el futuro dándole continuidad al trabajo cotidiano y militante en cada región y distrito del país.

Como decía Lebensohn: doctrina para que nos entiendan, conducta para que nos crean.


Participación Juan Manuel "Cachi" Casella:




Participación Luis C. Aguirre:



Participación Sebastián Cáceres:







Participación Alejandro Burgueño:



Cierre de Luis "Changui" Cáceres:





miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Qué puede decirse de un 6 de septiembre en Argentina en 2017?


 ¿Qué puede decirse de un 6 de septiembre en Argentina en 2017?

Tal vez en aquel año de 1930, cuando todavía los autoritarismos populistas europeos no habían mostrado lo peor de su locura, es decir que los grupos de poder todavía no habían terminado de “ponerle fichas” a esos autoritarismos infames, de los que todavía no logramos liberarnos, no se pensaba en las consecuencias a largo plazo de lo que se gestaba.


Año 1930 en Argentina. Un grupo de autoritarios, a grupas del caballo de un general (de esos que no habían oído el silbido de una bala, al decir de Borges), expulsaron del poder a mucho más que un gran presidente, del mentor del voto popular libre y universal. Expulsaron la voluntad popular y la posibilidad de crecimiento de los derechos de los ciudadanos.

Montados sobre la moda ideológica de aquel tiempo y sobre los intereses amenazados de las petroleras extranjeras y los viejos “aristócratas” ganaderos del viejo “régimen falaz y descreído”, tomaron el poder.

La democracia siempre es imperfecta, tan imperfecta como sus actores (los humanos). Las imperfecciones de la democracia siempre se superan con más democracia, con mayor participación. No se acaba una enfermedad terminando con el enfermo.

Esa locura de terminar con la democracia para “poner orden” y “terminar con los males de la democracia” duró, con excepciones y cortos períodos de vigencia del sistema democrático, hasta 1983. Fue acentuando su locura y su cinismo hasta, luego de un baño de sangre interno que todavía no terminó de cerrarse, llevar al país a una guerra absurda (como todas las guerras).

Cuando los autoritarios, al servicio de las aves de rapiña del poder económico concentrado, seducen a los ciudadanos con su prédica de “eficiencia y orden”, expulsan a personas como Yrigoyen, expulsan la voluntad popular, expulsan el crecimiento social, el verdadero desarrollo económico, expulsan el futuro.

Ahora que, desde el futuro, vemos aquel 6 de septiembre de 1930, no podemos hacer otra cosa que indignarnos contra los que todavía siguen seducidos por los autoritarismos y los que, sobre los acentuados defectos del sistema democrático, siguen pensando en terminar con las enfermedades matando a los enfermos.

Una sociedad estable, previsible, con horizontes de crecimiento para todos sus miembros, no se construye descartando “al otro”. Se construye con todos. La sociedad tiene el deber de incluir a todos en su seno, no puede excluir a nadie. Tiene la obligación, a través de sus instituciones, de generar un lugar para cada uno (como individuos y como grupos). Un lugar que no sea un campo de concentración, un lugar con horizonte.

Todos tenemos que ser conscientes de esto. Todos tenemos que comprometernos con esto. Nunca las diferencias de ideas y de intereses pueden superar esta premisa.

Hoy el antiguo “régimen falaz y descreído” nos quiere poner ante una nueva opción equivocada que, si bien no pareciera pretender atentar contra el sistema democrático, puede llevárselo por delante junto con los derechos de los más débiles.

Con la excusa del “costo argentino” se pretende acabar con los derechos laborales, con la excusa de una presunta vetustez del sistema de partidos de busca (y se lo han logrado en los hechos) convertirlos (a los partidos) definitivamente un una instancia gerencial de “la gran empresa política”.

Es una responsabilidad de todos, saliendo de la falsa opción “cristinomauricia” que desvía la mirada de la realidad, retomar la creación política desde su célula básica, que son los partidos.

A ver si puedo hacerme entender: los partidos no deben ser (como se han convertido) en una federación de dirigentes y sus empleados. Deben ser una instancia de participación y promoción de todos los que piensan de manera similar, para generar opciones políticas y promover a quienes han de llevarlas a cabo, por medio de la voluntad de todos ciudadanos.

Este es el desafío del recuerdo actualizado de aquel 6 de septiembre de 1930. Haber dejado caer al sistema de partidos, con todos sus defectos y sus virtudes, en aquel tiempo, le ha costado a la Argentina muchos años de desencuentro y derramamiento de sangre.

Los que pretendemos seguir el legado de don Hipólito tenemos una gran responsabilidad en este sentido. Una responsabilidad que debemos contagiar a los demás ciudadanos. No nos hagamos los tontos buscando un carguito o una ventajita. Aquel 6 de septiembre nos interpela, sepamos ser dignos en nuestra respuesta.


Luis Carlos Aguirre

martes, 11 de octubre de 2016

HIPÓLITO YRIGOYEN


Para leer artículo o descargarlo, hacer "click" sobre la imagen.
 Hipólito Yrigoyen fue un personaje particular en la política argentina y, hasta donde he visto, en la política en general. Hace muchos años leí la historia del “presidente peregrino” de México, don Benito Juárez... creo que don Hipólito era de esa clase de personas.

Ha tenido actitudes y tomado decisiones que ahora, “con el diario del lunes”, nos parezcan equivocadas, pero su presencia en la evolución política de esta parte de América, es esencial. Sus misterios, sus giros lingüísticos, su parquedad son solamente el barniz exterior de una personalidad profunda.

La necesidad de que “los pueblos dejen de ser gobernados para comenzar a gobernarse” sigue estando presente en una Argentina en donde las instituciones de la democracia son, en muchos lugares (miren hoy por lo que se empieza a desnudar en Tucumán, como botón del muestrario) todavía “letra muerta”… ya ni se preocupan de mentírnoslas en las escuelas, directamente se las desconoce.

Funcionarios que se mofan de los derechos de sus conciudadanos y se jactan de su abuso de poder, de su enriquecimiento espurio y de su complicidad con el delito, siguen siendo “el régimen” contra el que luchaba Yrigoyen y que pretendía desterrar con la presencia real de la voluntad popular en la toma de decisiones.

Por eso, quienes adherimos desde las convicciones y desde las emociones, no podemos aceptar mansamente esta “rebañización” del partido que lo llevara a la presidencia hace cien años.

Hace treinta años uno de sus discípulos, don Raúl Alfonsín, aconsejaba a sus auditorios: “no sigan hombres, los hombres defeccionamos, sigan ideas…” En nombre de esas ideas no abandonemos en el olvido las luchas de don Hipólito.

Hoy el radicalismo es socio casi mudo del gobierno. Deberá empezar  a empujarlo a que, además del respeto de las instituciones (que no es poco), tome todas las iniciativas para que esta voluntad del pueblo que ha engendrado estas instituciones que deben ser sagradas, cumplan con su deber.

No puede aceptarse más que haya protección y complicidad con el delito. Que, por cuestiones presupuestarias, se disminuyan los beneficios de los mayores, decaiga el sistema educativo (se reduzcan servicios, se desactiven programas especiales, que tal vez deban ser mejorados) y todos los etcéteras que cada cual y cada sector conoce. Los derechos laborales son (ya desde la anterior administración) una burla porque el trabajo “en negro” y/o fuera de las mínimas normas está presente y quienes deben controlar su cumplimiento parece que siempre llegan tarde. También el trabajador que “reclama” pasa a ser un “vago” y pierde su puesto rápidamente.

Todos estos temas tienen que estar en la agenda de un radicalismo que no puede dedicarse solamente a ver qué porción de áreas de poder consigue para sus dirigentes… esa pugna natural no puede silenciar ni adormecer esta responsabilidad. Lo reclama la historia (que hoy nos recuerda la gesta de Yrigoyen) y, sobre todo, lo reclama el futuro…

(Como "bonus track" de este artículo, haciendo "click" se puede leer o "descargar" un interesante artículo del nº 2 de TODO ES HISTORIA sobre don Hipólito... léanlo, es interesante)

viernes, 7 de octubre de 2016

IDAS Y VENIDAS… CONTRADICCIONES Y PRINCIPIOS.

La Unión Cívica Radical ha sido y es un partido de conformación espontánea y horizontal. Ha tenido líderes carismáticos, excluyentes, como es del estilo de nuestra sociedad.

Desde 1889, en que lo que podríamos llamar “pre-radicalismo” comienza su gesta de “la causa contra el régimen” aglutinó dirigentes y militantes que, luego, con los años, fueron siguiendo otros rumbos o continuaron en un mismo sentido. Desde Juan B. Justo, que fuera el fundador del Socialismo Argentino, el mismo Mitre que luego acordara con Roca y armara un conservadurismo democrático (Unión Cívica Nacional) que, con el tiempo se diluyó. Hubo una notable diferencia entre tío y sobrino, Alem e Yrigoyen, luego de la Revolución de 1893 (“carrerito ingrato” fue la cariñosa queja de don Leandro contra su sobrino).  También está la presencia el inmenso santafesino don Lisandro de la Torre (fundador del Partido Demócrata Progresista y gran luchador contra la corrupción de los gobiernos de la década infame) que, luego de la muerte de Alem, se distancia definitivamente (duelo a sable mediante) de don Hipólito Yrigoyen y del radicalismo.

Es decir que el radicalismo, a lo largo de su más que centenaria vigencia,  tuvo diferencias y posiciones internas que, muchas veces generaron cismas y alejamientos de dirigentes. Muchos, de los más grandes, también recordarán los cismas del radicalismo mendocino con Carlos W. Lencinas en plena era yrigoyenista o de San Juan con Federico Cantoni y la creación del Partido Bloquista. Ni hablar de la U.C.R. Antipersonalista de los años veinte que buscaron armar un radicalismo sin Yrigoyen buscando el aval del presidente Alvear que, se hizo el distraído y nunca adhirió a esta aventura manteniéndose prescindente.

Otro párrafo merece el cisma de 1957 que derivó en la coexistencia y confrontación de dos radicalismos: Unión Cívica Radical del Pueblo y Unión Cívica Radical Intransigente. Peleados dos dirigentes de peso como Ricardo Balbín y Arturo Frondizi  (que fue presidente con apoyo peronista entre 1958 y 1962) no solamente por las candidaturas sino por la posición frente al peronismo proscripto. Ambos radicalismos generaron grandes hombres como Arturo U. Illia (U.C.R.P.) (presidente entre 1963-66), Oscar Alende (U.C.R.I.) gobernador de Buenos Aires y luego Anselmo Marini (U.C.R.P.) también gobernador de Buenos Aires. Frondizi terminó formando otro partido con Rogelio Frigerio, el M.I.D (Movimiento de Integración y Desarrollo) y Oscar Alende, al no poder continuar con la sigla UCRI, fundó el Partido Intransigente que llegó a tener un importante protagonismo en los años 80…

Después de la crisis de 2001 cuando el gobierno del acuerdo entre el Radicalismo y el frente FRE.PA.SO. (la Alianza) ,(una frente de justicialistas contrarios al menemismo, grupos de izquierda, desprendimientos del viejo Partido Comunista, etc., muchos de los cuales participaron luego del gobierno de Kirshner y Fernández), el radicalismo como organización política sufrió todas las consecuencias de las contradicciones y debilidades de aquel gobierno. No viene al caso analizarlas, porque no es el tema de estas reflexiones.

Primero se cerró sobre sí mismo con una participación electoral simbólica, sabiendo que el electorado iba a castigar severamente al radicalismo… pero hubo dirigentes que pusieron el pecho y asumieron esas “cargas” de ser candidatos para perder muy lejos. Entre esos dirigentes podemos recordar a Leopoldo Moreau que asumió una candidatura presidencia que, se sabía a todas luces, era un símbolo y nada más. Junto a Mario Losada, un leal y generoso dirigente misionero, anduvo por debajo del 3 %.

En esa misma elección otros radicales emigraron y fueron candidatos por otro lado. Elisa Carrió con un partido propio y Melchor Posse en un acuerdo con el peronista Rodíguez Saa son un ejemplo.

En esa misma elección el radicalismo llevó como candidata a gobernador de Buenos Aires a Margarita Stolbizer que, dentro de la caída partidaria, logró un resultado digno, quedando en cuarto lugar.

También en la elección presidencial siguiente, un ex gobernador radical de Mendoza (Julio Cobos), compartió la fórmula con la Dra. Cristina Fernández… luego, cuando el gobierno al que se había sumado, abandonando al radicalismo, se cansó de ningunearlo, se convirtió en “un héroe” con su “voto no positivo” en la cuestión de las retenciones al agro. Allí le perdonaron sus culpas y lo convirtieron en una especie de “gran espada” de un radicalismo que seguía perdido, sin encontrar los mapas en la “Guía T”.  Solamente pensando en las encuestas.

¿Adónde quiero ir? Miren quisiera hablar de la cancha de Atlanta y siento un fuerte dolor de estómago, una mezcla de desazón y angustia. ¿Cómo podemos explicar que militantes preclaros y decididos como Leopoldo Moreau o Eduardo Santín, con quienes compartimos años de lucha común, a quienes aprecio personalmente,  ahora estén en una posición como ésta?

Entiendo que no compartan el acuerdo del radicalismo con el Pro. Yo tampoco lo comparto. Entiendo que se hayan ido del partido… como lo hicieron otros que, aún reivindicándose radicales, anidaron en diferentes listas del peronismo. No entiendo el “ergo”… el “entonces”. Porque el gobierno de los doce años ha ensuciado las banderas populares para su propio beneficio. Y no beneficios electorales (que ya estaría mal) sino beneficios económicos grotescos y descarados. Y eso es lo que no se les puede perdonar.

El actual es un gobierno conservador, no me cabe duda, con el radicalismo como “socio menor”. Le he robado una frase a un importante dirigente: “lo mejor de este gobierno es que no es el otro”. Pero el anterior ha sido más conservador, porque en su soberbia y corrupción ha manchado las causas populares, las embarró y generó una sociedad quebrada, de “amigos-enemigos” y de una pobreza cristalizada en muchos sectores de la sociedad de la que será muy difícil salir. Esto sin mencionar la terrible presencia del narcotráfico y la trata de personas emparentada con los organismos que debieran combatirlas… asociarse con el diablo es complicado porque siempre hace cumplir el contrato.

Tengo muchos amigos que adhieren al gobierno anterior, lo verán en el listado de mi “Facebook”.  A muchos los quiero personalmente y, sobre todo, hemos compartido años de militancia a favor de las causas populares. Esa historia respalda nuestra amistad y afecto y deja las posiciones políticas en su dimensión. Sé que todos ellos son buenas personas, son honestos y no se han enriquecido en la función pública. A ellos mi respeto y cariño incondicional. De las ideas ya discutiremos y, se verá, que no diferimos tanto.

Por esto, amigos de la concurrencia a la cancha de Atlanta, quiero pedirles que piensen de nuevo la decisión que tomaron. Hay que reconstruir un radicalismo popular, progresista y luchador… pero eso no se hace yéndose con “los otros”. Con las otras fuerzas deberemos compartir objetivos comunes, la defensa de la democracia y de los derechos humanos… pero nada más.

Si hay que hacer acuerdos, pensemos en los que piensan parecido y no en cómo “miden” las encuestas. Porque ciertas “medidas” no se sostienen sumando chorizos con bandas de música.


Queda mucho por hacer y lo deberán hacer los más jóvenes. Los grandes, además de dar consejos, no nos olvidemos de dar ejemplos, que son los argumentos que más oyen los pibes.

Luis Carlos Aguirre

martes, 4 de octubre de 2016

ALVEAR


Don Marcelo Torcuato de Alvear era nieto del general Carlos María de Alvear, amigo (y luego ex amigo de San Martín). Hijo de Don Torcuato de Alvear, intendente de la ciudad de Buenos Aires.

Don Marcelo se acercó a la Unión Cívica de la Juventud en 1889, fue parte de la Unión Cívica, luego de la Unión Cívica Radical y, luego de la revolución de 1893 se vinculó a Don Hipólito Yrigoyen y fue una figura crucial en al Revolución Radical de 1905.

De una entereza y valentía admirables, como era costumbre en los hombres políticos de aquellos años.

Los que admiramos a Yrigoyen le tomamos antipatía a Alvear porque, durante su gobierno (que fue excelente en muchos sentidos, aunque "galerita", como decía don Hipólito) ninguneó al viejo líder. Sin embargo no se metió en la sucesión y, si bien muchos de los suyos armaron un radicalismo "antipersonalista" en contra de Yrigoyen, él nunca se comprometió con eso.

Luego del golpe del 6 de septiembre de 1930, en el que él no tuvo participación, fue de los que rodearon a Yrigoyen. Estuvo preso por pretender organizar la resistencia al "régimen" que había vuelto con toda energía y con una inocultable adhesión a las ideas autoritarias que reinaban en Europa (el fascismo italiano y el nazismo alemán).

Cuando don Hipólito se encontraba en el lecho de muerte, el 3 de julio de 1933, pidió que "ayudaran a Marcelo" a reorganizar el radicalismo para enfrentar un esquema autoritario del que todavía, a principios del nuevo siglo, no podemos librarnos.

Don Marcelo hizo lo que pudo. Algunos yrigoyenistas, sobre todo jóvenes, no le tenían confianza y lo hostigaron. Sin embargo buscó luchar hasta su muerte, contra el fraude y la corrupción de aquel tiempo. En eso terminó de gastar su fortuna (había sido uno de los hombres más ricos de la Argentina de entonces). Le quedó una quinta en Don Torcuato, en donde murió y vivió su admirable esposa  (Regina Pacini) hasta su muerte (Su historia de amor merecen un relato especial porque ha sido maravilloso).

Hoy veo que se pretende rescatar la figura de don Marcelo como para justificar el giro conservador del radicalismo. Es un error ideológico. Los giros conservadores del radicalismo no tienen que ver con Alvear. Su gobierno fue ordenado y progresista. Por su puesto que, en el sentido que podía serlo en 1922, con un liberalismo laicista pero con absoluto respeto por la soberanía nacional y el respeto por los derechos individuales. No le pidamos que haya sido un gobierno "revolucionario", no lo era ni pretendía serlo. Pero fue bueno y progresista. Los conservadores vieron en él alguien más "simpático" que Yrigoyen (que también era estanciero...) por ser "de su clase", un representante de "la aristocracia del barrio"... pero nada más.

Yo rescato y valoro toda la etapa heroica de Alvear. Como gobernante fue progresista y honesto y como líder del radicalismo fue valiente y combativo. No lo mezclemos con otra cosa...

El radicalismo, mal que le pese a muchos, es un partido de origen popular con ideas progresistas y nacionales. Como toda organización humana es falible y contradictorio. Falible y contradictorio como los amigos que creen que el peronismo es “de izquierda”. Tan falible y contradictorio como quienes hoy, so pretexto de erradicar una variante del populismo, participan de un gobierno que es, a todas luces, conservador.

No dudo de la buena fe de los que se han comprometido en esta gestión, a muchos los conozco personalmente y sé de su honestidad y buenas intenciones. Deseo que puedan hacer las cosas lo mejor posible. Pero tengo claro que este es un gobierno conservador del que solamente espero que respete las garantías republicanas, la vigencia de los derechos de los más débiles y la independencia de la justicia. No espero otra cosa... y ya es bastante.


Luis Carlos Aguirre

(Debo reconocer que esta visión de Alvear la he acuñado gracias a un querido dirigente radical de José C. Paz, Francisco "Coco" Benemio, quien me hizo ver, desde su yirigoyenismo, la esencia de la personalidad de este grande del radicalismo).

viernes, 23 de septiembre de 2016

EL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO


Luis Carlos Aguirre

En 1901, en tiempos de la presidencia de Julio A. Roca (padre), el de los billetes de $ 100, su ministro de guerra, General Pablo Riccheri, diseñó un sistema militar copiado del prusiano. Se buscaba tener tropas permanentes, en cantidad suficiente como para "disuadir" a eventuales países agresores. En aquel tiempo todavía la cantidad de tropa movilizada era sinónimo de fuerza. Las Fuerzas tendrían oficiales y suboficiales de carrera, con entrenamiento permanente y tropa con entrenamiento básico que, a fines presupuestarios, se obtendrían de la obligación de todos los ciudadanos varones de entre 20 y 21 años, de prestar un "Servicio Militar" obligatorio por ley durante un año o dos, según las necesidades.

De esta manera, en tiempos de un muy posible conflicto con Chile, se obtenían unas fuerzas acordes con los años que corrían y se iban integrando a los hijos de los inmigrantes al compromiso de defensa nacional. Pero, esencialmente, se podía tener un ejército y una armada poderosa en efectivos con un presupuesto relativamente cómodo.

El sistema colapsó ochenta años después, en la única experiencia bélica que tuvo la Argentina en el siglo XX, el conflicto del Atlántico Sur. No me parece necesario profundizar sobre el conflicto porque me desviaría del tema y cambiaría el sentido de estos razonamientos. A pesar de ello creo, con lo poco que conozco del tema técnico militar y las conclusiones del "informe Rattembach", que el desempeño de las Fuerzas Argentinas fue heroico pero la falta de equipamiento y entrenamiento adecuado fueron terribles[1]. Las fuerzas del Reino Unido no podían entender cómo se había llevado al frente a muchachos de 18/19 años sin entrenamiento ni equipamiento.

Desde el punto de vista militar es una antigüedad, un sistema arcaico que cada vez menos países mantienen vigente. No es efectivo en lo técnico militar y genera todo un malestar social ante la leva forzosa. La resistencia de la población es muy importante y el "beneficio" es militarmente nulo.

En Argentina, con la vuelta a la democracia, el gobierno del Dr. Alfonsín, comenzó a implementar el sistema de "soldados voluntarios" (con sueldo y entrenamiento más intensivo que de los soldados conscriptos), tendiente a ir disminuyendo gradualmente la cantidad de ciudadanos convocados, con el objetivo de eliminar el sistema. Con las diferentes crisis militares que sufrió la democracia incipiente y la crisis económica que se desató sobre el final del primer período constitucional, este proyecto, como otros, quedó en la nada. El Dr. Menem no modificó el esquema y, de manera puramente oportunista, al producirse el asesinato de un soldado conscripto (el Soldado Carrasco) con otros antecedentes similares, eliminó el Servicio Militar obligatorio de un plumazo. Esta medida contó con gran apoyo popular en su momento y llevó a las fuerzas a tener que nutrirse de tropa voluntaria. Estos soldados voluntarios, son, al igual que cualquier efectivo armado, empleados del estado y no ciudadanos obligados a prestar un servicio que no desean.

Esto desde el punto de vista de la defensa nacional. Es de notar que, durante los casi cien años en que estuvo vigente el sistema, en muchos casos sirvió para alfabetizar muchachos de zonas alejadas de las ciudades, detectar enfermedades como el "mal de Chagas-Maza", aprendizaje de oficios, etc. Estas actividades pueden calificarse de positivas, pero no son funciones de las Fuerzas Armadas. Las Fuerzas Armadas han de estar preparadas técnica y moralmente para defender a la patria, no para cubrir deficiencias de las áreas sanitarias, educativas y sociales del Estado.

Hoy tenemos graves problemas sociales porque vemos jóvenes que, salidos de control, son protagonistas constantes de hechos graves, algunos directamente delictivos. Es insoslayable que la sociedad entera, guiada por el Estado, tome cartas en esta grave problemática.

Sabemos que estas circunstancias no son un problema de corta data ni de fácil resolución. Hay toda una cultura de individualismo exacerbado que se ha generalizado. La falta de trabajos genuinos, de una sociedad económicamente en decadencia, ha determinado que mucha gente "sobre". El desquicio del sistema educativo y la falta de horizonte de los que logran estudiar, son otra realidad constante. A eso debemos sumar una seria disgregación social, el ingreso del narcotráfico como un "estado dentro del estado" y la descomposición ética de las fuerzas policiales. Todo esto genera un caldo de cultivo tendiente a buscar  la "salida autoritaria" para resolver problemas que requieren autoridad. Claro que sí, pero no la autoridad de la jineta sino la autoridad de la ética.
Una sociedad que ha tolerado que sus más encumbrados dirigentes se enriquezcan desvergonzadamente desde el poder sin reaccionar, ahora debe asumir su responsabilidad y exigir el cumplimiento de las leyes y actuar en consecuencia.  Si no logramos que los ciudadanos usen los cestos de papeles en la vía pública, ¿vamos a detener la penetración del narcotráfico? Aunque parezca una comparación exagerada, debo afirmar que no. NO.

Entonces, en vez de pedir un Servicio Militar que no tendría otra función que "disciplinar" muchachos vagos, en vez de mejorar las Fuerzas Armadas, debemos dedicarnos a "disciplinar" las conductas sociales e individuales. Exigir a los gobernantes que resuelvan estos temas y que sean ejemplo para la sociedad. Y, además, ser ejemplo para nuestros hijos. La educación no es función exclusiva de la escuela, es una tarea indelegable de toda la sociedad... la escuela solamente brinda una parte.

La delincuencia generalizada es consecuencia de una sociedad enferma, vayamos aplicando los antibióticos pero, también, cambiando la dieta y las costumbres. De otra manera será como los que adelgazan tomando anfetaminas, en cuanto pasa el efecto engordan mas que antes y destruyen sus glándulas. Seamos adultos de una vez por todas.



[1] “…Nuestras FF.AA. demostraron en el conflicto, las siguientes debilidades:
a. Deficiencias en el accionar conjunto, según fue referido en el subtítulo anterior.
b. Falta de desarrollo equilibrado y armónico del equipamiento de cada Fuerza, sujeto ello a las necesidades de la guerra moderna y las hipótesis de guerra existentes.
c. Falta de una fuerza submarina adecuada.
d. Falta de una aviación modernizada para la guerra en tierra y en el mar, y de medios aéreos de exploración y reconocimiento adecuados.
e. Falta de fuerzas terrestres actualizadas profesionalmente, en especial para el combate en horas de oscuridad.
f. Ausencia de una logística organizada y conducida con criterio conjunto.
g. Falta de fuentes diversas para la obtención de armamento y de una adecuada capacidad de autoabastecimiento, por ausencia de tecnología propia y de industrias de guerra suficientes.
h. Falta de adiestramiento suficiente en las FF.AA. para el aprovechamiento integral de la electrónica en todos los ámbitos de la guerra moderna (Aire, agua, tierra).

sábado, 17 de septiembre de 2016

Moisés Lebensohn, una voz olvidada.



Hubo una voz en el radicalismo que no fue escuchada. Una clara visión de lo que estaba ocurriendo en su momento histórico y un impecable análisis de lo porvenir. No se trató de un profeta, tal vez su nombre lo predestinaba a ser un líder, un conductor a través del desierto. Pero no pudo ser, la muerte lo arrancó muy joven y, los que quedaron, no supieron, no pudieron o no quisieron seguir la senda que había indicado.

Otra vez recurro a la publicación TODO ES HISTORIA, de Felix Luna y María Sáenz Quesada.

En el número 189 de febrero de 1983 hay una nota de Emilio J. Corbière que sintetiza su pensamiento. Como todos los hechos del pasado, tienen que servirnos para el presente y, esencialmente, para plantear el futuro. Que sea fructífero y el agradecimiento correspondiente a los que corresponde.

Para leer la nota hacer "click" en el enlace que aparece abajo. También puede "bajarse".

Moisés Lebensohn... una voz olvidada.